201704.25
0
0

Carlos Slepoy, abogado de la humanidad

Por José Luis GalánCarmen Lamarca, Jacinto LaraManuel OlléJuan Puig de la BellacasaJaime Sanz de Bremond. Publicado en Público
Recogemos este artículo escrito por abogados que tuvieron el placer y el honor de trabajar con Carlos Slepoy en diversos procedimientos relativos a la justicia universal

Carlos Slepoy Prada nació en Buenos Aires, el 29 de septiembre 1949 y falleció, en Madrid, el 17 de abril, como consecuencia de una larga dolencia. Nadie se imaginaba en septiembre de 1975, cuando se licenció en la Universidad de Buenos Aires, que ese letrado argentino y español se convertiría en abogado de toda la humanidad.

Ha transcurrido una semana desde que se produjo su fallecimiento y las manifestaciones de dolor y conmoción en España, en Argentina y en otros países, se han ido sucediendo de forma masiva.

Carli, como le llamaba su familia, sus amigos y compañeros, dedicó su vida a la defensa de los Derechos Humanos. Desde muy joven luchó contra la dictadura argentina para conquistar los derechos, las libertades y la democracia que aquellos militares habían arrebatado al pueblo argentino. Esta lucha militante le costó la prisión en Argentina, desde marzo de 1976 hasta noviembre de 1977. Una vez recuperada su libertad fue obligado a exiliarse.

Sin embargo, Carlos transformó la dureza de este “exilio” español en un regalo de justicia y libertad para todos nosotros. Comenzó a trabajar como abogado laboralista, primero en Zaragoza y posteriormente en Madrid, defendiendo a trabajadores y a afiliados del sindicato UGT.

Pero Carlos no solo ejercía su valiente compromiso con la defensa de la dignidad de las personas ante los tribunales, sino en todos los ámbitos de su vida. Así, en 1982 se enfrentó pacíficamente, con el arma de la palabra, a un Policía Nacional que, abusando ilegítimamente de esa condición, maltrataba a un joven en la Plaza de Olavide de Madrid. El Policía disparó con su arma reglamentaria a Carlos Slepoy por la espalda, ocasionándole lesiones que requirieron numerosas intervenciones quirúrgicas y una dura rehabilitación, además de las gravísimas secuelas que le quedaron para siempre.

Carli, con su fuerza innata, superó ese lamentable episodio.  No solo siguió trabajando como abogado, sino que le animó a continuar su labor como voluntario en asociaciones de exiliados, de emigrantes y derechos humanos.  Durante diez años presidió la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos-Madrid.

A partir de 1996, Carli ejerció, en nombre de diversas organizaciones de Derechos Humanos y de víctimas, la acusación popular y particular en los procedimientos que se seguían ante la Audiencia Nacional por los crímenes de genocidio, terrorismo de estado y torturas acaecidos durante las dictaduras militares argentina y chilena. Su participación en el procedimiento contra los responsables de los crímenes cometidos en la dictadura militar argentina fue decisiva para el devenir de los mismos.  El ingenio de Carli se dibujaba en los casos Scilingo, Pinochet, Guatemala, y en la práctica totalidad de los procedimientos que se seguían en España al amparo del principio de jurisdicción universal y en los que directa o indirectamente participó.

Desde entonces, Carli se convirtió en un referente nacional e internacional en el desarrollo del Derecho penal internacional y del principio de jurisdicción universal. Solo un hombre como él era capaz de conseguir un reto de ese calibre, inédito hasta ese momento. Su enorme corazón y pasión, a la vez que su extraordinaria inteligencia y constante estudio del Derecho hicieron que las víctimas masacradas por dictadores y poderosos impunes, que los olvidados, que los que nunca habían tenido derecho a la justicia recobraran su dignidad y sus victimarios rindieran cuentas ante los tribunales. Desde entonces Carlos Slepoy se convirtió en el verdadero artífice del desarrollo de la jurisdicción universal. Animaba a las víctimas a exigir esa justicia denegada, las representaba con honestidad y dignidad y capitaneaba con la maestría de un hombre entrañable el equipo de abogados derrochando valiosas enseñanzas y ejemplo. Y es que para Carli lo más importante era el equipo, el ejercicio colectivo del derecho de defensa de las víctimas.

Todos sabemos que la mejor jurisprudencia y doctrina nacional e internacional relativa a la jurisdicción universal y a la definición de los crímenes internacionales   cuenta con la inspiración y el conocimiento de Carlos Slepoy.

Carli nos enseñó a valorar y construir la verdadera dimensión de la justicia y de la dignidad del ser humano.  Cuando nadie apostaba por derrotar la impunidad de los más graves crímenes internacionales, cometidos en diferentes países y contextos políticos, Carlos, con su tesón y constancia, no cejó en demostrar que, desde el Derecho, era posible que las víctimas de esos crímenes internacionales obtuvieran justicia y que sus responsables, con nombres y apellidos, fueran juzgados. “No queremos más que justicia”, repetía Carlos.

Carli, con un enorme sacrificio personal, ignorando sus dolorosos impedimentos físicos, recorrió multitud de foros sociales, universitarios, políticos o de juristas, en España y en otros tantos países.  Su misión era clara: divulgar la experiencia española en la persecución de estos crímenes. Ofrecer al mundo que, desde el Derecho, era posible, al amparo del principio de jurisdicción universal, devolver la esperanza a tantas víctimas. Ninguno olvidaremos sus artículos doctrinales y de opinión y sus conferencias donde con esa convicción que le caracterizaba desgranaba sus tesis y construía edificios de justicia universales hasta entonces inexplorados.

La labor profesional de Carlos Slepoy, en esa ida y vuelta que nos depara la vida, le llevó, de nuevo, a vestir la toga en su país de origen. Fue uno de los redactores e impulsores de la querella presentada en Buenos Aires, el 14 de abril de 2010, por crímenes contra la humanidad cometidos en España durante la dictadura franquista, y miembro del equipo jurídico de la acusación en aquel país. Actualmente estaba trabajando y asesorando a diferentes colectivos para iniciar acciones penales en España contra los responsables de los crímenes del franquismo. Carli repudiaba la impunidad de estos crímenes en España y se fajó, una vez más, para que el manantial de la justicia brotara para los españoles, desde el otro lado del Atlántico.

Recibió innumerables reconocimientos y premios por su trayectoria personal y profesional como el Premio Internacional de Derechos Humanos de la Asociación Pro Derechos Humanos de España o el Premio Internacional “Joan Alsina” de la Casa de América de Cataluña.

La valentía y generosidad de Carlos Slepoy se constataba en su cercanía, empatía y solidaridad con las víctimas. Su corazón, su despacho profesional y su casa rebosaban de hospitalidad, donde concurría el fluir de los desesperados que buscaban Justicia o de compañeros ávidos de consejo profesional. Por difícil o arriesgada que fuera la querella o el pleito, Carli, con esa simpatía que le caracterizaba, les obsequiaba con su trabajo como abogado. Ante las injusticias daba siempre un paso al frente de optimismo cargado con una capacidad de trabajo incombustible.

Su familia, sus tres hijos, Paula, Nati y Oscar, y su nieto, Martín, del que tanto gozaba Carli, son testigos de ese amor que destilaba Carli. En él, querida familia, reconoceréis, cada día, a uno de los grandes de verdad en la lucha por la promoción y defensa de los Derechos Humanos.

Nos faltará tu presencia física, pero en ese enorme legado que nos dejas de hombre bueno y de abogado de la humanidad, te reconoceremos y te tendremos entre nosotros. Carli, ahora descansas con los 30.000 a los que tanto amaste.  Gracias por todo lo que nos has dado y por esa fuerza que nos dejas y nos seguirás transmitiendo para que el respeto a la dignidad humana, la justicia y la paz sea una realidad.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *