201603.08
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Golpea uno, educa cien

Por Carla Vall i Durán (criminóloga en potencia) y Laia Serra Perelló (abPikara LOGOogada)

Extraído de Píkara Magazine

La primera denuncia por violencia machista -registrada como tal- en el Estado español, data de 1624; la mujer que desafió su marido y todo el ordenamiento jurídico, se llamaba Francisca de Pedraza. Esta pionera denunció sin éxito ante la justicia ordinaria y la eclesiástica. Es más, le advirtieron: así es el matrimonio, todo son épocas. Ella no se rindió, se dirijo al único sitio del estado donde había un Tribunal conocedor del Derecho civil y Derecho eclesiástico: la Universidad de Alcalá. Allí, esta mujer, sin abogado ni ningún otro soporte, se dirigió al Tribunal mostrando todas las marcas bajo la ropa, relató el infierno que vivió durante varios años, habiendo perdido, incluso, un bebé a causa de las terribles palizas.

En esa época, se expuso públicamente a la opinión de todos, contra el criterio de todo y arriesgó su vida, sabiendo que quizás provocaría la ira de su agresor y la mataría. Francisca consiguió poner fin a la convivencia, su agresor fue castigado, consiguió el divorcio y fue indemnizada, consiguiendo además una orden de alejamiento. Aquella pionera consiguió lo imposible en una época en la cual las mujeres no teníamos ningún derecho.

Un siglo más tarde, en Francia, Olympe de Gouges escribía los Derechos de la ciudadana en plena revolución francesa. En ese momento de gestación de derechos, los revolucionarios le advirtieron: aún no era tiempo de Derechos para las mujeres, nuestras vidas debían seguir siendo secundarias, teníamos que esperar a «más adelante» para ser reconocidas como ciudadanas. Olympe de Gouges no retrocedió ni un paso y fue asesinada por aquellos revolucionarios, fue guillotinada por sus ideas. En la misma época Mary Wollestronecraft escribió la vindicación de los Derechos de las mujeres, reclamando el derecho a la educación para la población femenina.

En el siglo XVIII, la anarquista francesa Louise Michel fue deportada a Nueva Caledonia por su vinculación con las ideas revolucionarias en la Comuna de París. En 1913, después de décadas de movimiento sufragista en Inglaterra, Emily Wilding Davison murió en una acción de protesta reclamando el Derecho de voto de las mujeres.

En el Estado español, trece jóvenes comunistas fueron fusiladas por su militancia política; las Trece Rosas fueron asesinadas poco después de acabar la Guerra civil española.

Pocas décadas después, las hermanas Mirabal, militantes activas contra la dictadura de Trujillo, fueron violadas y torturadas en las cárceles de la República Dominicana, lucharon contra el dictador sin desfallecer. El castigo a su desobediencia fue su ejecución a base de golpes, el 25 de noviembre de 1960. Las mariposas murieron pero su muerte fue la chispa para encender la revuelta que acabó derrocando la dictadura.

Las heroínas de hoy son las que se enfrentan y combaten la violencia machista. Las mujeres que han de superar todas las deficiencias de un sistema que ni nos ampara ni nos protege y además se enfrentan a su agresor.

En la actualidad, la mayoría de las solicitudes de órdenes de alejamiento son denegadas a causa de la calificación de ‘bajo riesgo’ o la no clasificación del mismo. En este sentido se emiten -al menos- tres mensajes: uno a la mujer, “lo que te está pasando no es tan grave, no te hace falta protección”; uno al hombre agresor, “lo que he hecho no implica un riesgo grave”; normalizando indirectamente la conducta. Por último, uno a la sociedad, “la violencia machista no es un problema social”. La denegación de las órdenes de protección puede favorecer la retirada de denuncias contra el agresor porque se infravalora la gravedad del hecho, así como se incrementa el riesgo físico sobre la mujer y, por ende, el miedo.

De la misma manera, en el ámbito colectivo, las manifestaciones públicas como el 8 de marzo o las del pasado 7 de noviembre y 25 de noviembre, suponen un desafío a la violencia machista, ponen en jaque a los agresores y dicen a las mujeres: no estáis solas. Precisamente, después de la manifestación del 7 de noviembre en Madrid, la violencia machista se manifestó con más fuerza que nunca, con el resultado de 8 asesinadas en una semana.

Denunciar es un acto de desobediencia individual, pero a las mujeres, la rebeldía nos puede costar la vida. El machismo requiere, precisamente, obediencia y docilidad, necesita nuestra sumisión individual y colectiva. Cuando cualquiera de nosotras pone límites, blinda los derechos de todas.

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