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Las Instituciones, de espaldas al veganismo

Héctor Llanos Martínez. Publicado en El País

Ser vegano no solo implica rechazar ciertos alimentos en el plato. Su compromiso ético también involucra la ropa y la cosmética. Si ya es un compromiso complicado para aquellos que viven en entornos urbanos con infinidad de recursos a su alcance, lo es todavía más para los que lo hacen en zonas alejadas de las grandes ciudades. Pero ser vegano a menudo solo es fácil en casa. Surgen obstáculos en colegios, en hospitales y, a pesar de lo que dice la ley, en cárceles.

Estela Nieto e Iván Iglesias son veganos desde hace diez años. Ella es psicóloga y él, experto en nutrición. Viven desde hace cuatro meses en una localidad de Tenerife de menos de 17.000 habitantes. Se mudaron desde Talavera de la Reina (Toledo) con sus dos hijos de seis y tres años, así que tienen experiencia en lidiar con la falta de alternativas. «El primer viaje que hicimos como veganos fue a Ibiza y metimos alimentos en la maleta por miedo a quedarnos sin comer», recuerda ella a Verne por teléfono desde su casa en Tenerife.

Ambos cuentan sus experiencias en su web Nutrición Esencial y a través de su cuenta de Instagram, que tiene más de 100.000 seguidores. La pareja admite que internet y el cambio de actitud que ha tenido la sociedad española en los últimos tiempos les facilita mucho el día a día como veganos. Por ejemplo, a ellos les ayudan a encontrar alternativas la app HappyCow, que localiza tiendas y restaurantes veganos cercanos a donde te encuentres, y blogs de cosmética vegana como El Jardín de Asami.

«Parte de ser vegano significa ser proactivo. Si vas a un restaurante y no tienen menú para ti, proponles alternativas. A los negocios les interesa contentar a sus clientes y, si les das ideas, siempre reaccionan», comenta Estela Nieto.

«Pero sigue pasando que te ponen una ensalada mixta cuando les dices que eres vegano, con su atún y su huevo. No, perdona, eso no lo es», cuenta Iago Gutiérrez, vegano desde hace cuatro años. Vive en Salceda de Caselas (Pontevedra), de 9.000 habitantes. Para hacer una buena compra, este padre de dos niños de tres y un año tiene que recorrer entre 10 y 15 kilómetros hasta llegar a un herbolario o a un Mercadona, uno de los pocos supermercados que han hecho hueco en sus estanterías a esta opción alimentaria. «Comprar por internet siempre es una opción, pero una muy cara», admite.

«Cuando quieres salir con los amigos a tomar algo, o bien te conformas con picar patatas y aceitunas o llegas a un consenso previo para que ellos cedan y vayan a uno de los pocos restaurantes veganos que hay en la zona. También puedes buscarte amigos veganos…», dice con humor este gallego de 35 años.

«Todavía hay sitios donde, cuando pides opciones veganas, no salen de la ensalada y la parrillada de verduras. Yo soy de los que sigo metiendo frutos secos y alguna que otra cosa en la maleta por si acaso», cuenta David Román, vegano desde hace décadas y vecino de Alcoy (Alicante).

Un estudio de la agencia de viajes británica Hayes & Jarvis destaca las ciudades más veganas. Dublín, Phuket (Tailandia), Ámsterdam y Londres están a la cabeza de un listado de diez. Ninguna de las que aparece en la lista es española.

La lista no muestra los lugares con más establecimientos con menús veganos. Lo que indica es la proporción de restaurantes clasificados como tales en TripAdvisor de entre el número total de locales. Por eso, una ciudad como Dublín se coloca por encima de otra mucho más grande como Londres: el 21,2% de sus restaurantes son aptos para veganos frente al 19% de la capital británica.

Por un menú vegano en colegios

Como presidente de la Unión Vegetariana Española (UVE), el próximo objetivo de David Román se centra en los comedores de los colegios. La asociación prepara una campaña activa que logre un compromiso a nivel estatal en los colegios. «No puede dejarse una decisión así a en función del criterio del responsable de cada centro», defiende.

La UVE es consciente de que es un asunto complicado de coordinar, ya que la Educación es competencia de las comunidades autónomas, como explica el Informe sobre Comedores Escolares de la asociación Del campo al cole y SEO Birdlife.

Cada vez es más común que los colegios encarguen la alimentación escolar a subcontratas, destaca el informe. Consultadas varias de ellas, confirman a Verne que son sus clientes, bien sean las consejerías de Educación o las directivas de los colegios, las que deciden qué menús se distribuyen entre los estudiantes. También admiten que no tiene preparada una opción vegana diaria, en caso de que esos clientes se lo soliciten.

«Hace unos años (en 2012) hubo un precedente en Euskadi, donde se consiguió algo a medias: menús vegetarianos, pero no veganos», recuerda Román. Es uno de los asuntos que complican el día a día de Iván y Estela, de Nutrición Esencial. El Departamento de Educación vasco implantó entonces en todos los colegios de la comunidad un menú basado en los alimentos de origen vegetal. Ocurrió a raíz de la reclamación de una familia de Vitoria, cuya hija estudiaba en la Ikastola Zabalgana de la ciudad.

«De momento, podemos permitirnos que los niños coman en casa. Pero, en caso de necesitarlo, el colegio de Tenerife no da alternativas veganas a diario en su menú. Es la comisión de familias del colegio la que está intentando que se haga algo al respecto, pero cuesta bastante lograrlo», dice ella.

Instituciones ajenas a la realidad vegana

Incluso para aquellos que viven en lugares como Madrid y Barcelona, existen instituciones que todavía no atienden las necesidades de los veganos. En los hospitales o cárceles españolas no hay instaurado de forma oficial un menú que cubra sus necesidades.

Eduardo Gómez Cuadrado es uno de los abogados de la cooperativa Red Jurídica, que representó en 2015 a un preso que solicitó recibir alimentación vegana en prisión. «Fue la primera vez, o al menos no encontramos precedentes, en la que el juzgado de vigilancia penitenciaria de la Audiencia Nacional se pronunciaba sobre una petición de acceso a alimentación vegana en prisión», apunta a Verne el abogado, que no considera que los centros penitenciarios cumplieran correctamente con la resolución.

«Logramos que se reconociese al preso su derecho a obtener una dieta de esas características. Pero la realidad fue que en ninguno de los centros penitenciarios en los que estuvo, y fueron varios, le proporcionaron un menú vegano adecuado y equilibrado. Le llegaron a dar en algunas ocasiones un arroz blanco cocido por toda comida. En otras, le daban comidas tipo cocidos de legumbres en cuyos caldos se habían utilizado carnes (chorizo, tocino, pollo), en la creencia de que apartando las partes cárnicas de su plato era suficiente», explica ahora.

El Reglamento Penitenciario, en el artículo 308, menciona a los presos veganos. «Obliga a proporcionar a los internos una alimentación que responda a exigencias dietéticas y a las especificidades de edad, salud, trabajo, clima, costumbres y, en la medida de lo posible, convicciones personales y religiosas”, comentan a Verne desde Instituciones Penitenciarias. La entidad pública también confirma que no tiene contabilizado el número de presos que se declaran veganos y que no cuenta de forma oficial con un menú para ellos instaurado en todos los centros.

«En Portugal en 2017 se aprobó una ley que incluye la alimentación vegana en toda clase de restauraciones colectivas dependientes de entidades gubernamentales. Pero España es un país mucho más complejo y es más difícil lograr algo así», lamenta David Román. «A pesar de la evolución que ha habido en la sociedad, en muchas instituciones públicas consideran que las peticiones éticas son irrelevantes y no las equiparan a las religiosas, lo que es pura discriminación», dice el presidente de Unión Vegetariana Española.

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