201603.08
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Un día cualquiera

Son las 20:10 horas de la tarde de un día cualquiera, y coincidimos las cuatro mujeres del despacho en la cocina. Una prepara un té, otra toma el cuarto o quinto café del día. Mientras, las otras dos se encienden un cigarrillo.

Todas hemos tenido un día largo y nos apetece compartirlo entre nosotras.

La que toma café nos cuenta que lleva todo el día de guardia del turno de oficio, es la que está más enfadada de todas. Su día ha empezado temprano con una asistencia en comisaría, después ha tenido otras cuatro más. En la primera comisaría, después de haberse identificado, y mientras aguarda sola en la sala de espera a que la vengan a buscar para pasar la declaración, llega un agente de la autoridad que, tras asomarse a la sala se dirige hacia su compañero y le dice: “¿por qué me has avisado si no ha llegado todavía ningún abogado?”. Es entonces cuando ella se ha tenido que levantar y volverse a identificar como abogada.

Se nos hace impensable que a alguno de nuestros compañeros, con traje y corbata, le hubiera sucedido lo mismo.

En otra asistencia que ha tenido más tarde, cuando estaba aconsejando a su detenido no declarar se ha montado la marimorena y la han amenazado con ponerla una queja. Ella les ha reiterado como siempre la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la doctrina del Tribunal Constitucional, pero les ha dado igual, enfadados han llamado al Instructor y han aparecido más compañeros de refuerzo para apoyar, por lo visto, una situación peligrosa digna de refuerzo. Una sala de 6 metros cuadrados se ha convertido en una sala llena de hombres uniformados con actitud intimidatoria hacia nuestra compañera.

Comentamos cómo las dependencias policiales son espacios hipermasculinizados en los que es difícil que una mujer no se sienta incómoda o intimidada, ya sea por situaciones como la descrita o por otras actitudes más sutiles que, seguramente, las mujeres abogadas que lean este artículo, sabrán identificar.

Una de las que está fumando cuenta las declaraciones que ha tenido en los Juzgados de Instrucción esta misma mañana. Ha acudido junto con un compañero a pasar una declaración de dos imputados. Cuando han entrado en el despacho del juez y, pasado un rato, el juez le ha dicho dirigiéndose a ella: “¿y usted quién es?”. A lo que ella tuvo que contestar: “la letrada, Señoría”.

El oficial del juzgado le ha dado a firmar la declaración y nuestra compañera ha observado cómo han vuelto a poner “letrado” en vez de “letrada” delante de su nombre, y tiene, como otras tantas veces, que firmar debajo al terminar la declaración. Y por si no hubiera tenido poco, el juez se vuelto a dirigir a ella diciendo: “chica, chica, que tienes que firmar”. “Ya he firmado, Señoría”, ha contestado.

Compartimos la indignación ante el ninguneo e infantilización al que frecuentemente nos vemos sometidas las mujeres.

La que bebe té, cuenta que ella ha tenido el día más tranquilo… que tenía SOJ (servicio de orientación jurídica en la cárcel)… y que ha sido como otros días. Que ha vuelto a tener bronca con el funcionario de siempre por no engancharse al abrigo la tarjeta en la que pone “abogado”, y que como siempre, le ha vuelto a decir que cuando hagan tarjetas de abogadas seguro que se las pone sin problemas. Y que los presos bien, nos sigue contando, que hoy uno le ha querido regalar un viaje, otro le ha pedido su teléfono para cuando salga de permiso, y que el último de los 25 la ha llamado bombonazo. Y  como siempre, cómo todos se giran para observarla y seguirla con la mirada cada vez que se levanta de la silla del locutorio para llevar y recoger la documentación a la garita de los funcionarios.

También comentamos como nos sentimos, demasiadas veces, como un objeto mientras desempeñamos nuestro trabajo. Se nos hace inimaginable que a cualquiera de nuestros compañeros le hubieran llamado bombón, ofrecido un viaje, pedido el teléfono, y mirado lascivamente mientras hacía su trabajo.

La que sólo se ha fumado un cigarro nos dice que tiene una mala noticia. Que se ha vuelto loca mirando cómo hacer para que al buscar Red Jurídica (nuestro despacho) en internet, no aparezca únicamente como descripción la palabra “abogado”. Comenta sorprendida que no hay posibilidad de poner otra cosa que no sea esa, que es un campo obligatorio y que sólo viene esa opción. “¿Pero no se puede poner abogacía u otra cosa por el estilo?”, pregunta una. – “No, de verdad”. “¿Pero no se puede poner abogadas y abogados?” – “No, lo siento”. – “¿Pero no se puede poner de verdad otra cosas que no sea abogado?” – “Que no en serio, no he podido hacer nada, es lo que hay”.

Hablamos de todas las veces que somos invisibilizadas a pesar de nuestro constante trabajo, y de cuántas veces hemos oído y nos hemos tenido que resignar frente a un “es lo que hay”.

“Menuda jungla de trabajo que tenemos”, comenta una. “Como todas las demás mujeres del universo”, añade otra. Nos reímos todas. Un risa de esas que te hacen sentirte mejor, de esas risas nerviosas que sueltas para en realidad no echarte a llorar, de esas risas compartidas que te dan fuerzas para no tirar la toalla. Ya nos vamos a casa, mañana tenemos otro día cualquiera por delante.

Podíamos haber escrito un artículo lleno de tecnicismos jurídicos, artículos de leyes, jurisprudencia, y frases grandilocuentes. Pero lo personal es político, y éste, por desgracia, es nuestro día a día.

Porque estamos hartas de aguantar comentarios y actitudes patriarcales,  porque para ejercer cualquier profesión las mujeres tenemos que esforzarnos el doble que los hombres, pero también, porque somos valientes, porque no nos rendimos, y porque queremos ejercer nuestra profesión en condiciones de igualdad. Por todo ello animamos a nuestras compañeras a combatir todos los días el machismo en comisarías, en prisiones, en los juzgados o en sus despachos, y en la vida en general.

Todos los días son un día cualquiera, todo los días son 8 de marzo.

Contra las violencias machistas, empoderamiento feminista

Las Mujeres de Red Jurídica.


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